El kiosko de Julián

Published on junio 17th, 2013 | by Mike Medianoche

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Y la obesidad llegó a los juegos de mesa

Por Mike Medianoche

En la infancia de un Sufridor en Casa los juguetes y los juegos de mesa siempre estuvieron presente y tuvieron mucha importancia. En tu dormitorio podías sentar a tus peluches de público y montar tu propio plató del Un Dos Tres y jugar a la Botilde, o sentirte una Elisenda Roca de marca blanca con el Letras y Números. Si querías sentirte científico, podías echar mano del Quimicefa, y si por el contrario deseabas hacer decorativas y coloridas velas, tenías ahí en la estantería el CeraNova.

Pero no todos los juegos tenían un lado científico, cultural o sencillamente televisivo. También había, y hay, juegos de mesa creados única y exclusivamente para engordar al niño, haciendo de él una pequeña Caritina.

Las niñas cocinan; los niños, comen

Las niñas cocinan; los niños, comen

Uno de los primeros juegos que llegaron para cebar a los niños fue Mi Dulce Algodón, de Feber. Y sí, confieso que una mañana de Navidad me desperté con este juego en casa. El mecanismo era sencillo, sólo había que enchufar la máquina a la corriente y echar azúcar a quintales en el centro. De dicho centro salían hilitos de algodón que había que recoger pasando un palito en forma de círculo por las paredes del juguetito, igual que si si de una feria se tratase. Eso sí, en la caja veías a un niño hipster con su algodón de color amarillo, y en tu casa sólo se podía hacer blanco y daba mucha envidia podrida. Además, el sabor no era ni de lejos al de los algodones de feria de pueblo, lo que además suponía una decepción al paladar.

Soraya en su cover de Choconova es para mí

Soraya en su cover de Choconova es para mí

Otro must entre los niños Caritina fue el Choconova, el juego de gorda de Mediterráneo, juguetes para compartir.  Yo tuve la primera versión, que traía unos cuantos moldes y un recipiente de plástico al que había que meterle agua caliente en su interior, y con ese calor del agua era con lo que fundías el chocolate. Luego traía un complejo sistema de regletas para apoyar los moldes, algunos papeles de aluminio de colores, unas perlitas plateadas de anís para decorar y poco más. Tres cacharros y medio que venían en una caja descomunalmente grande y que era un incordio. Además, recuerdo que el chocolate que venía original en la caja era como de sucedáneo y estaba bastante regulero de sabor. Al igual que pasaba con Mi dulce algodón, la caja prometía mucho que luego no se cumplía, como un cerdito con una nariz de chocolate rosa y unas virutitas verdes que simulan ser césped que no se sabe de dónde salía, porque al menos en mi caja no venía. Además, los colores del juego no se correspondían con los de la caja, que solían tener colores más feos. Cuando se gastaba el chocolate que traía la caja original podías seguir jugando a Choconova con chocolate con leche comprado en cualquier tienda, y en mi caso siempre era de la marca blanca del supermercado de turno para que así fuese más económico. Con el tiempo salió Choconova 2, que según el anuncio de televisión traía un novedoso sistema para secar el chocolate y hacer figuras tridimensionales como un corazón, ya que todas las figuras de Choconova 1 eran lisas por la parte de atrás. Una pena que cuando Hasbro compró Mediterráneo no supiesen sacarle partido a los juegos -nova y acabasen desapareciendo, aunque a día de hoy hay muchos Choconovas de otras marcas, si bien algunos no tienen el recipiente para calentar y te dicen alegremente que derritas el cacao en el microondas. Incluso existe una versión llamada Juego de Barritas de Chocolate para hacer chocolatinas con cereales, frutos secos y demás productos altamente calóricos.

Ideal para jugar mientras ves Buenas Noches Señor Monstruo

Ideal para jugar mientras ves Buenas Noches Señor Monstruo

Por otro lado tenemos los juegos para crear tus propias gominolas, y ahí los había para todos los gustos. Desde juegos sencillos en los que sólo podías hacer aritos y cuadraditos de un sólo sabor, como uno que los Reyes Magos trajeron a mi sobrina, hasta otros más complejos como el Chuchelandia. Mi favorito eran el Pócimas Terroríficas del Perofesor Horribilus, un supuesto laboratorio científico en el que podías hacer chucherías de terror, entendiendo el terror como algo que podría parecer un ojo o un gusano, y que en el spot de televisión recibían el nombre de «cóctel de coágulos de sangre». Este tipo de juegos traía un buen puñado de moldes y muchos sobrecitos con polvetes alimenticios varios, y todos solían tener el mismo sabor gelatinoso. Eso sí, tenían su gracia que cada uno había que realizarlo de una manera, usando moldes y complementos variados, como cucharillas, coladores y similares. Yo este no lo tuve, pero sí un amigo y con el que jugué una única vez y me pareció una pequeña gran decepción, porque luego había que esperar a que las chuches se solidificasen, al igual que ocurría con el Choconova. Además, una vez se acababa el polvete que servía de materia prima el juego dejaba de tener misterio e interés. Del Profesor Horribilus salieron varios spin offs para crear nuevas chuches terroríficas, y en Todocolección puedes adquirir varios de ellos por unos quince euros. Actualmente está a la venta El laboratorio del Dr. Dreadfull, que es muy del estilo. En lo que se refiere a otros juegos para hacer tus propias chuches, también habría que destacar la existencia de la Fábrica de Chupa Chups de Famosa, marca que como después veremos es especialista en engordar a los niños de la infancia.

Al finalizar la sesión fotográfica la niña le reventó la cabeza al niño con la maquinita

Al finalizar la sesión fotográfica la niña le reventó la cabeza al niño con la maquinita

Hace unos cuantos años, por Navidad a mis sobrinas le trajeron los reyes una heladera, no recuerdo de qué marca. «Qué guay, podré hacerme helados de pastelitos de pantera rosa y de galletas Príncipe de Bequelar» pensó el niño Caritina que aún vive dentro de mí. Nada más lejos de la realidad. Al igual que los juegos de chucherías, los juegos de heladera traen un cacharro que debes rellenar de hielo y sal, y luego poner en su interior un preparado de leche y un polvete que trae el juego en su interior. El hielo congelará el líquido, y con un rascador irás sacando todo lo que se solidifique. Una decepción y un aburrimiento, y ni siquiera recuerdo a mi sobrina haber probado uno de esos helados con éxito. En el tema heladeras, también tenemos la variante «zumos, polos y granizados», entre los que destacan productos como Frutilandia de Famosa. En la página web de dicha marca, que tiene un amplio catálogo de juegos para fomentar la obesidad infantil, dan consejos la mar de jugosos sobre cómo sacar mejor partido a tus juguetes de gorda, y así, por ejemplo, si quieres un «batido bien frío, pon la fruta en el frigorífico hasta que se enfríe». Nunca se me habría ocurrido, oiga. Si queréis reíros de lo lindo, podéis ver este vídeo demostrativo la Heladera Famoplay en el que la presentadora, que parece la hermana pequeña de Merche con disforia de género, está doblada de un modo descarado y la voz encaja menos con sus labios que el playback de Sara Montiel en Absolutamente. Si os hacéis fan de ella no os preocupéis, hay más vídeos demostrativos con la misma protagonista, aunque esta demostración tan horrible es la mejor de todas. ¿En serio un padre le compraría el juego a su hijo después de ver el vídeo?

Un reciente descubrimiento en lo que a obesidad y juegos de mesa se refiere (y que inspiró este post) es un juego también de famosa llamado Patatas Fritas y que me pareció el culmen de este género. Se trata también de un producto Famoplay y que invita a los niños a viajar al mundo de los carbohidratos fritos… o eso debería por el nombre que tiene.  En realidad, el juego sólo trae una máquina de plástico (un plástico buenísimo, eso sí) para cortar las patatas en rodajas, y unos moldes para cortar a su vez esas rodajas en círculos y cuadrados, por lo que se genera un gran desperdicio de patata. Luego, esas rodajitas y cuadraditos se meten en un molde especial, que no es más que un semicírculo con pequeñas separaciones en las que van los tubérculos, y se mete al microondas. Por lo que patatas fritas, lo que se dice fritas, no son en absoluto.

Foto cortesía del Instagram de @<a href=

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Y ahora es tu turno, querida lectora. ¿Tuviste alguno de estos juegos y/o quisiste tenerlos? ¿Nos hemos dejado algún juego pro obesidad infantil por el camino?

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About the Author

Licenciado en Comunicación Audiovisual y Máster en Comunicación y Organización y en Publicidad y Márketing. Su experiencia profesional abarca trabajos como diseñador y editor de vídeo en varias empresas audiovisuales, y presentador y redactor en una TV local. Actualmente, colabora Radiolé como experto en música.


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