Expandir nuestra colección comprando con tarjeta de crédito: ¿vale la pena?

Sin importar la temática de la que se trate, sean videojuegos, figuras y muñecos de colección o piedras preciosas, coleccionar objetos es una actividad extenuante. Por un lado, se requiere cultivar un profundo conocimiento sobre el tema para conocer al detalle qué elementos son dignos de adquirir y cuál es su verdadero valor de mercado. Por el otro, y estrechamente vinculado con lo anterior, el precio de los coleccionables puede superar los cientos o miles de euros, incluso en el caso de aficiones modernas como las cartas de juegos de mesa, más allá de que sean simplemente objetos producidos en masa y no obras únicas.

Teniendo en cuenta los importes en juego, sostener y expandir una colección puede escapar las posibilidades de buena parte de los entusiastas de las colecciones. Por ello, recurrir a fuentes externas de financiación resultaría una opción adecuada para quienes deseen potenciar su hobby y comprar objetos que amplíen su colección.

Los instrumentos financieros disponibles para coleccionistas son diversos. Sin embargo, las tarjetas de crédito tienen la ventaja de una mayor flexibilidad, ya que no implican un compromiso de uso inmediato.

¿Es posible financiar una colección con una tarjeta de crédito?

Una tarjeta de crédito funciona de modo similar a una de débito, es decir, que se pueden hacer todo tipo de pagos, incluidas las compras de objetos raros y preciados. La principal diferencia con el pago a débito es que no se requiere contar con la totalidad de los fondos en el momento de la compra. Mientras que una tarjeta de débito gasta inmediatamente el saldo de la cuenta del usuario, una de crédito utiliza dinero prestado por el banco y permite aplazar el pago hasta el periodo siguiente o financiarlo en cómodas cuotas.

Acceder a nuevos elementos para nuestra colección puede ser difícil. Cuanto más particular sea el objeto, más alto su precio, lo que puede poner un techo a las ambiciones de todo coleccionista. Usando una tarjeta de crédito, en cambio, se abre un nuevo mundo de posibilidades, ya que el coste de una compra puede ser fraccionado en múltiples cuotas de menor valor acordes a nuestro nivel de ingresos. De este modo, un entusiasta no deberá conformarse solo con aquellos bienes de colección al alcance de su bolsillo, sino que podrá también adquirir algunos con los que no ha siquiera soñado antes.

Conseguir las mejores tarjetas de crédito

Una excelente noticia, tanto para los coleccionistas como para el público en general, es que conseguir una tarjeta de crédito hoy en día es más fácil que nunca. Lo que antes demandaba un largo proceso burocrático con una enorme cantidad de papeleo y diferentes autorizaciones que podían tardar semanas, ahora puede tramitarse completamente online en unos pocos minutos y sin moverse de casa.

El primer paso para pedir las mejores tarjetas de crédito es optar por alguna cuenta bancaria de las ofrecidas en línea por las entidades financieras. En este sentido, es importante comparar las diferentes alternativas disponibles, optando por el producto con las menores comisiones y costes adicionales. Este último punto es fundamental, ya que algunos bancos pueden cobrar altos cargos para la emisión y la renovación de tarjetas de crédito.

Una vez abierta la cuenta, cada compañía puede exigir diferentes tipos de requisitos antes de entregar una tarjeta de crédito. En general, los bancos suelen bonificar el coste de elaboración y el mantenimiento de la tarjeta por el primer año de uso, pero aplican diferentes condiciones para los periodos siguientes. Por eso, es importante revisar detenidamente los términos y condiciones de la propuesta antes de rellenar la solicitud.

Financiar las compras de objetos preciados de colección con una tarjeta de crédito puede ser el modo más sencillo de potenciar la actividad de un coleccionista y llevarla al siguiente nivel. Pese a esto, se requiere prudencia y moderación cuando se realicen gastos por encima del nivel de ingresos. La cantidad financiada por la entidad, sea en pocas o muchas cuotas, lleva aparejadas comisiones e intereses que pueden volverse una pesada carga en el futuro.


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