Me siento extraña, la película del pipazo de Bárbara Rey y Rocío Dúrcal

Hace una semana se reivindicaba por estos lares ‘Calé’, la película lésbica de Rosario Flores en la que se lo montaba con Mónica Randall. Y seguimos hablando de cine sáfico con un título de 1978, ‘Me siento extraña’, en la que Bárbara Rey y Rocío Dúrcal se agarraban la cintura y se cantaban a la sombra de los pinos.

‘Me siento extraña’ (que llegó a tener de subtítulo ‘Dos mujeres insatisfechas’) tiene fama de ser una película de baja calidad, y de hecho lo es. En ella cuenta cómo Laura (Rocío Dúrcal) está harta de su marido (Ricardo Tundidor) y también de su controlador suegro (Rafael Navarro).

Para dejar atrás su vida pide ayuda a su amiga Gloria (Eva León, la mala de ‘Chispita y sus gorilas’), que le presenta a Marta (Bárbara Rey), una vedette que no acaba de entenderse con los hombres en la cama, y en mitad de los polvos enloquece y les pega, o algo así se deja entrever de manera onírica.

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Aquí todavía no se habían tocado las tetillas la una a la otra

Marta y Laura hacen buenas migas,  y la artista de variedades le encarga a su nueva mejor amiga, que es pianista, que le componga canciones para sus shows. La química y el buen rollo surge entre ellas, y prácticamente comienzan a vivir juntas en el chalet de la cabaretera.

Un día Laura acude a ver a su marido para hablar, y este la fuerza a tener relaciones sexuales y a volver, y ella le dice que nanay, y en cuanto encuentra sus bragas se va a buscar a Marta, que casualmente organiza una fiesta en su casa en la que todos se drogan, las mujeres enseñan las tetas y los hombres se travisten, tal cual. Pero la pianista no tiene el conejo de duracell con pilas decide irse a dormir; allí, en pleno sueño, el tonto del pueblo intenta meterle mano y ella le abre la cabeza con una escultura.

Los vecinos se toman fatal que hayan descalabrado al tontico de Lucio (Paco Algora), y empiezan a acosar de manera homófoba a las dos mujeres, que ni siquiera han fornicado juntas ni nada, todavía.

Marta le confiesa a Laura que se siente extraña, y organiza una cena íntima para ambas para celebrar algo que no quiere decirle. En mitad de la comida, un amigo-ligue de Laura la llama y le dice que si se van de copas, y a la otra le sienta como un cubo de sangre a Carrie, porque se ha pillado de su amiga. Mas traga sapos y culebras y hace como que no pasa nada, y se queda sola en casa mientras la pianista se va a beberse las calles.

En esto que los villanos vecinos homófobos (dos de los cuales están muy cabreados porque un día Marta les calentó la entrepierna) se plantan en casa de la vedette, empiezan a romperle toda la decoración y la violan; pero en esto que aparece el bueno de Lucio el tontico y defiende a su amiga, y la lleva a su cuarto.

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«Tía, ven que te cuide»

Laura llega a casa, que está hecha unos zorros, y descubre a su amiga en la cama malherida, con Lucio cuidándola. Entonces el lerdo hace mutis por el foro, mientras las mujeres se besan en los labios, se desnudan, se dan un pipazo y la película acaba en plan ¿qué me han querido contar? ¿Tienen que hacer el amor justo después de una violación, no había mejor momento?

Es una película que más allá de ver la escena final, que tampoco es para tanto, tiene poco interés, con pequeñas excepciones como estas:

-Que a quien vemos cantar en la película es a Bárbara Rey y no a Rocío Dúrcal. Una canción en la que predice su futuro, con frases como «el circo terminó».

La preciosa canción de los créditos, interpretada por una tal María, que era muy Mari Trini.

-Que el suegro de Laura tenga una foto del Rey Juan Carlos en su despacho. Mola porque en la película sale Bárbara, claro.

-La escena en la que Rocío Dúrcal enseña su gato bajo la lluvia.

-Que sale Laly Soldevilla, una de mis 80 actrices cómicas españolas favoritas.

 -La confesión en la que Marta le dice que se siente extraña.  Aquí tienes ese momento.

La película, dirigida por Enrique Martí Maqueda, fue un éxito de taquilla, y como curiosidad Rocío Dúrcal está doblada por María Antonia Rodríguez (la dobladora habitual de Michelle Pfeifer), ya que al final de la película Marieta sufrió un presunto accidente doméstico en el que se partió la mandíbula, y para estrenarla lo antes posible decidieron que otra pusiese voz a sus diálogos. Por ello en la escena del coito aparece generalmente de lado, aunque estaba previsto que lo hiciese de frente.

Rocío Dúrcal se arrepintió de este trabajo y no volvió a protagonizar ninguna película, aunque Bárbara más adelante sí volvió a darse otro pipazo en el séptimo arte. ‘Me siento extraña’ es una película curiosa, kitch, tediosa y entrañable, pero a pesar de todo he tenido que verla en dos veces y poner mucho de mi parte para acabarla, lo confieso. Si te decides a verla, allá tú.


Redactor freelance. Licenciado en Comunicación Audiovisual y Máster en Publicidad y Márketing.

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