‘Los años desnudos’: Mar Flores y el homenaje al cine erótico de la transición

Allá por el año 2008 llegó a nuestras carteleras una película llamada ‘Los años desnudos (Clasificada ‘S’)’, un largometraje dirigido por los imprescindibles Félix Sabroso y Dunia Ayaso. Una cinta que, en un primer momento, podría parecer una oda a aquellas películas eróticas que se pasaban con dos rombos a altas horas de la madrugada, con títulos tan sonoros como ‘El fontanero, su mujer y otras cosas que meter’, ‘La caliente niña Julieta’ o ‘Colegialas lesbianas y el placer de pervertir’, por citar algunos ejemplos.

El germen de esta película está, en parte, en Esperanza Roy, actriz de cintas de contenido clasificado ‘S’ y que trabajó a las órdenes de Ayaso y Sabroso en ‘Perdona bonita, pero lucas me quería a mí’. Entre rodaje y rodaje la Roy contaba anécdotas, y los directores se enamoraron de aquellas historias sobre películas que se grababan sin permiso y con escenas que tenían que salir a una sola toma porque no había metraje para repetir.

Fiesta ibicenca con erótico resultado

Inicialmente, Félix Sabroso tuvo una idea para hacer una serie de televisión, que siguiese a tres chicas que llegan a Madrid para hacer cine erótico, pero en un momento dado ese proyecto se convirtió en la película que conocemos. Con ‘Los años desnudos’ querían reconocer a esas mujeres que por haberse desnudado han sido maltratadas y desprestigiadas por el público, a las que se les retiraba el trato dentro de la familia, recordando que vivimos en un país machista. De hecho, en los créditos vemos cómo se la dedican “a todas las mujeres de la transición”.

En Los años desnudos (Clasificada ‘S’) nos encontramos a tres actrices de las que se tenían que desnudar por exigencias del guion. Sandra Valle (Candela Peña) es una actriz que sueña con interpretar a Lorca, pero que se desnuda si lo exige el guion. Trabaja en una pequeña compañía de un transformista llamado Toni Sevilla (Jorge Calvo), una especie de Paco España.

Parece que hay un poquito de mal rollo

Lina Mora (Goya Toledo) es una mujer autodestructiva pero que se esfuerza en sobrevivir y salir a flote. Ella lo mismo se desnuda ante la cámara que ejerce la prostitución o te roba un reloj; cualquier ingreso es bueno para ella.

Por último está el personaje de Eva Millán (Mar Flores), una joven que huye de su pueblo y de su pasado, el cual le persigue a través de pesadillas. Es la más modosita de las tres, y a la que tildan de rara. Luego descubriremos que su comportamiento se debe a un hermano que abusaba de ella, y que nunca la dejó en paz pese a estar casado y con hijos.

Atención al filtro media rollo Sara Montiel

Estas tres starlettes coinciden en una primera película del director Marcos Vela (Antonio de la Torre), a la que seguirán otras. Pronto formarán una particular troupe en la que hay tanta amistad como rivalidad y desconfianza. En la que se puede pasar del amor al odio en pocos segundos.

La película empieza en clave de comedia. Su primera media hora, incluido el robo del reloj y la escena de la grabación de la película de monjas es una fantasía, que roza la autoparodia del mismo modo que lo hacían aquellas cintas de bajo presupuesto. Poco después, y tras algunas risas, la comedia se tiñe cada vez de más oscuridad, hasta terminar convertida en un drama puro y enternecedor.

Mar Flores fue una precuela de Zulema de ‘Vis a vis’

Sobre los personajes, es interesante destacar cómo Sandra es una mujer frágil y dependiente de los hombres, que pronto se enamora (o se obliga a enamorarse) de Ángel Mota (Luis Zahera), un productor de cine. Se acuestan un primer día pero él le da largas, aunque ella no quiere enterarse. En realidad, a Ángel le gusta Eva, que termina yéndose con él con tal de tener “una familia y una casa”, aunque ello le suponga ser una mujer florero y cornuda consentida.

En la cinta hay mucha verdad respecto a aquella época; muchas encueratrices eran chicas y monas como Eva y Lina que se desnudaban por tal de tener una independencia que la vida les negaba. Algunas de esas actrices, como le ocurre a Eva, se casaron con otros profesionales del cine que las retiraban forzosamente del séptimo arte y se convertían en señoras y amas de casa.

Otras como Lina terminaron en la mala vida, sumidas en la droga o consumidas por el sida; un ejemplo de esto podría ser el declive y muerte a los 33 años de Andrea Albani / Lali Espinet (recordada por sus apariciones en ‘El Pico’ y ‘El Pico 2’). Y también hubo otras profesionales que, como Sandra, pudieron trabajar con cineastas reputados y tener una carrera estable dentro de la interpretación, dentro del “cine normal”, trabajando de “actriz, actriz” como ella define en un momento dado. “Necesito argumentos”, se queja, aburrida de desnudarse. Volviendo a Lina, es llamativo que, una vez el cine erótico ha pasado de moda, se intente reconvertir en cantante, como hiciese por ejemplo Josele Román.

“He hecho de yonki en una película” como respuesta de por qué sabes preparar un pico

Hay algunas situaciones de la película también correspondían con la realidad, como eso de recitar números en vez de decir el diálogo puesto que no había sonido directo y luego los diálogos se doblaban. Esto se explica en el documental ‘Sesión salvaje’, disponible en Flixolé, por si a alguien le pica la curiosidad. Del mismo modo, era cierto eso de que las señoras bien iban a la puerta de los cines a criticar y tirar cosas a las estrellas del cine ‘S’ cuando se estrenaba una cinta, y que algún policía se sobrepasó con estas pequeñas estrellas del celuloide.

En ‘Los años desnudos’ nuestro trío protagonista protagoniza una primera película llamada ‘Tras los muros’ en los que hacen de monjas que se lo montan entre ellas; algo que homenajea al subgénero conocido como ‘nunsploitation’ o cine que ponía a monjas envueltas en tramas sexuales o violentas.

En España, por ejemplo, pertenecen a ese género ‘Cartas de amor a una monja portuguesa’, del insigne Jesús Franco, cineasta bajo cuyas órdenes se desnudó hasta Romina Power.

Monjas que le dan usos muy raros al rosario

La siguiente película que protagonizan Sandra, Eva y Lina (llamada así en honor a Lina Morgan, aunque pueda parecer que era por Lina Romay o Sara Mora, otras actrices del destape) es una cinta del subgénero ‘women in prison’, que es como lo de las monjas pero con presidiarias chungas y calientes. Ahí se puede englobar, por ejemplo, ‘Carne apaleada’ de Esperanza Roy y Bárbara Rey. En la escena del rodaje, hay que decir que Mar Flores con su peluca corta parece una precuela de Zulema en ‘Vis a vis’.

Al final del todo, una vez que van Eva y Sandra a poner flores a la tumba de Lina, vemos lo que parece un flashback de las tres vestidas de lencería negra montándoselo en un cementerio, al más puro estilo, de nuevo, de Jesús Franco, o también del francés Jean Rollin.

No es serio este cementerio

A pesar de que en las películas de cine erótico cualquier secuencia tenía erótico resultado y las mujeres se desnudaban en menos que canta un gallo, en ‘Los años desnudos’ Ayaso y Sabroso decidieron no mostrar demasiada carne. En la primera secuencia, durante un cásting, Sandra (Candela Peña) se desnuda mientras recita un monólogo de ‘Doña Rosita la soltera’, y te invita a pensar que toda la película será así. Nada más lejos; solo volveremos a verla a ella ligera de ropa en una escena más. Y a Eva y Lina no le vemos nada; en un momento dado, en comisaría, accede a quitarse la ropa para no pasar la noche en los calabozos, un policía interrumpe el momento y acaba vistiéndose y marchándose a casa.

Susana Estrada, grande de España

Entre otras, es interesante destacar una escena en la que Susana Estrada, otra actriz que se desnudó cuando le vino en gana, hace el papel de una periodista que entrevista al director que encarna Antonio de la Torre, quien tiene un discurso aprendido sobre “cine para desnudar consciencias” y una simbología inexistente. Un mensaje que muchas, como Sandra, se esforzaron en creer, hablando sin venir a cuento de películas que son “un canto a la libertad”, y no como una simples producciones baratas, tal como lo veían los productores.

Cierro este artículo recordando uno de los mejores diálogos del filme. Eva, a la que da vida Mar Flores, está en su casa, con su marido productor, y hablan de cómo unos días atrás fueron al teatro a ver “La casa de la Bernarda”, una obra que era “como la España de hace muchos años, con todas de negro”.


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