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Published on julio 18th, 2018 | by Sufridores en Casa

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Oda al último videoclub ‘Blockbuster’

Esta semana conocíamos que ya en todo el universo mundial de los continentes solo queda abierto un videoclub Blockbuster, en concreto, en Ana Oregón. Y es que se han cerrado dos locales más que quedaban en Alaska y Dinarama, una pasada teniendo en cuenta que la cadena llegó a tener más de 9.000 tiendas en Estados Unidos, y más de un centenar en España. En estas tierras, Blockbuster echó el cierre allá por 2006.

Yo el negocio de Blockbuster lo conocí bien, debido a que en mi calle había uno; abriría sus puertas por 1998, porque recuerdo que el día que se lanzó ‘Titanic’ en VHS abrió a las doce de la noche para que la gente pudiese ir a comprarla como si no hubiese mañana y se fuesen a agotar las cintas. Qué ansias, tú, si ya sabíamos todos que el barco se hundía, que ella no le dejaba sitio en la tabla, y que el colgante en realidad lo tenía la vieja.

La cosa es que en mi misma calle había otro videoclub de los de toda la vida, y Blockbuster le hizo bastante la puñeta, por cosas como el sistema de devolución por una trampilla. Podías devolver tu película a cualquier hora, aunque la tienda estuviese cerrada, y te ahorraba hacer colas. Además, tenía multitud de títulos de cada película, y ofertas muy chulas para películas antiguas; las novedades las recuerdo más caras que en el videoclub de al lado.

Juraría que costaba como 500 pesetas el alquiler de tres pelis antiguas durante 48 horas, y a mí me encantaba la sección de terror porque tenían un montón de películas de las que Manga Films había editado por aquel entonces con gore ochentero y de serie b, tipo ‘Nekromantik’, ‘El Dentista’, ‘Mondo Zombie’ o ‘Darkness’, pero la de zombies, no la de la niña de ‘El Piano’ y Fele Martínez.

En aquella época yo era un piratilla que me duplicaba cualquier película de terror que llegase a mis manos, y me hinché de alquilar películas de tres en tres para hacerme una copia de seguridad, por así decirlo finamente.

También recuerdo que Blockbuster, al menos al principio, te permitía alquilar una Play Station o un reproductor de vídeo. Que nunca llegué a entender para qué te ibas a alquilar un reproductor de VHS; ¿te vas a ir de casa rural y lo vas a alquilar? ¿Y por qué no te llevas el que tienes en tu casa? No sé. Yo, que preguntaba más que Mafalda, me informé al respecto, y recuerdo que había que dejar una fianza.

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La pegatina no sale ni aunque le eches aguafuerte

Una cosa que me encantaba de ese y de cualquier videoclub era ir a comprar películas antiguas, aunque en Blockbuster siempre se colaban tres pueblos pidiendo dinero. Porque era como “esta cinta ya ha tenido 80 o 1000 visionados, que me pidas solo 500 pesetas menos que por una nueva es muy jevi”.

Claro que hay que tener en cuenta que Blockbuster era un videoclub muy legal, en la que todas las películas tenían autorizado su alquiler; en el de debajo de mi casa había VHS que eran copias de otro, por ejemplo, sin pegatina siquiera. Y cuando llegó el DVD, incluso se podía alquilar alguna película con discos de la colección de kiosko de El País.

Entre las joyas que aún conservo de ese mercadeo de segunda mano está el VHS de ‘Leyenda Urbana 2’, con la carátula en 3D, con el señor asesino de la máscara de esgrima en relieve, o el DVD de ‘Rojo Sangre’, que tengo firmada por Paul Naschy. Y recuerdo que compré en VHS nueva ‘El Sexto Sentido’ a un precio más barato del habitual porque estaba mal marcada y exigí que me cobrasen el precio de la pegatina.

Leyenda Urbana VHS

Olvidé hacer una foto a mi carátula. Esta es de Todocolección

Dicho esto, una cosa que nunca entendí de Blockbuster era la forma en la que vendían las películas nuevas; para que no las robasen, los señores dependientes abrían las películas y las dejaban vacías en una estantería. Tú la cogías, la llevabas hasta la caja y allí te cogían el disco o el VHS, lo metían en su funda y te lo volvían a plastificar en tu cara. Y me parecía muy cutre, porque te rompía el ritual de abrir un producto por primera y única vez, no eras tú quien perdía esa virginidad espiritual.

Cuando cerró el de mi calle (poco antes que el resto de España creo recordar) mucha pena no me dio; el carnet de socio se caducó por estar un tiempo sin alquilar, y como estaba a nombre de mi hermana no se renovó. Un gran “oooh”.

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Blog sobre televisión, música, cine y lo que surja, siempre desde un punto nostálgico y humorístico. Emitiendo de manera ininterrumpida desde 2009.



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