Simago

Published on septiembre 26th, 2014 | by Mike Medianoche

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Los peores juguetes de imitación de la historia

Que levante la mano quien no haya pedido para Reyes en su infancia un juguete y no se lo hayan traído. Cuento una mano, dos, tres, vale, está bien. Ahora, que levante la mano quien pidiese un juguete y sus padres le comprasen una imitación bajo el lema «pero si es lo mismo».

Cierto es que no todos los juguetes de imitación eran una basura. El Intelect de Cefa valía la mitad que el Scrabble, y se podía jugar exactamente igual con él. El Misterio, también de CEFA, era igual que el Cluedo y encima los dibujos eran de terror y estaban chulísimos, tal como recordamos en este post. La Chabel o la Familia Corazón eran unos buenos sustitutos de Barbie, y el Superpoly, el Hombre rico, hombre pobre, el Palé y La ruta del Tesoro te permitían comprar y vender calles exactamente igual que en genuino Monopoly. Quizá el único que difería era Hombre rico, hombre pobre, donde los barrios no estaban juntos, pero que era igualmente disfrutable. Incluso, confieso tener una imitación muy lograda del Risk llamada Conquest, y que es clavado hasta en el nombre de algunos territorios, un regalo que me hizo mi difunda vecina Antonia, especialista en regalar juguetes low cost por Navidad.

Sin embargo, había otros juguetes que no se parecían ni por asomo al original, o su emulación era tan triste que daba hasta vergüenza invitar a tus amigos a jugar. ¿Recordamos algunos casos?

Es tan cutre que en la caja ni siquiera viene el nombre de la casa de juegos a la que pertenece

Letras y números

De este juego ya te hablamos hace algunos años, allá por 2010. Era la versión de los 20 duros del Cifras y letras que entonces presentaba Elisenda Roca, y que no era más que un listado de tarjetas con palabras desordenadas y operaciones matemáticas en las que no estaban los signos, y tú casi debías acertar si era mejor poner un más, un menos o un multiplicado. Una basura que me costó mil pesetas, seis euros al cambio.

 

El importe exactoEl importe exacto

– Mamá, lo que le pedí para Navidad a la abuela fue el juego de El Precio Justo.

-Pues este es.

-No, mamá, este es El importe exacto.

-El hombre de la tienda le dijo que era igual, y claro, como era más barato… Ya sabes que la abuela no tiene mucho dinero.

-¡Pero yo quería El Precio Justo, el de Joaquín Pratt!

-Si es lo mismo, y el nombre hasta se parece. Cuando yo tenía tu edad, yo misma me tenía que fabricar mis muñecas con trapos viejos, así que no te quejes.

*Dramatización de una mañana de Navidad en una casa cualquiera de España.
Si quieres ver cómo era el juego real de El precio justo, te lo contamos hace unos añitos por aquí 

S’categorías

Scatergorias

El juego S’categorias se diferenciaba del Scattergories en que tenía una te y una erre menos y que la vocal final era una a en vez de una e. Una amiga tenía esta réplica del juego de Parker, que era una auténtica baratija. Las preguntas que había que responder eran extremadamente difíciles según recuerdo, y en lugar de un dado de 20 caras las letras se elegían girando una ruletita de cartón.

El-juego-de-Clotilde-Botilde

El juego de Clotilde

En la segunda mitad de la tercera temporada del Un, dos, tres, Chicho Ibáñez Serrador introdujo como mascota a Botilde, que fue protagonista de muchos juguetes, siendo la más conocida la Botibota. También protagonizó un juego del que te hablamos en este post llamado sencillamente La Botilde y que era una especie de Juego de la Oca. Pronto, un ávido competidor de la industria juguetera crearía una réplica llamada El juego de Clotilde, y que en vez de la Oca era una versión libre del juego de la Escalera. Si del Scrabble salió el Intelec, y al Intelec le salió una copia llamada Intelectus ¿os imagináis que hubiese salido una imitación de Clotilde llamada Matilde, como la de Barrio Sésamo?.

Un dos tres falso

Cartas de Un, dos, tres, acierta otra vez

Admito que hasta hoy desconocía la existencia de esta baraja de cartas, la cual me he topado mientras ojeaba en Todocolección. Se trata de una baraja que imita a Ruperta y a todo el Un, dos, tres, responda otra vez. Cierto es que la coletilla está muy conseguida con eso de «acierta otra vez» y para que no te quede dudas, en la caja pone los dos regalos más populares del programa: la calabaza (sin mencionar a Ruperta, pero sí su concepto) y los coches. ¿Alguien tuvo esta baraja, que aparentemente es fascinante?

Catching-Catch

 

Catching Catch

Cuando Telecinco comenzó a emitir los combates de Pressin Catch, pronto salieron a la venta chorrocientos muñecos de Hulk Hogan, El Último Guerrero, El Poli Loco y tantos atletas de la lucha más. Y también salieron muñecos falsos, claro, y prueba de ello es este ring de un juego llamado Catching Catch, en el que sale un luchador clavadito a Hogan de espaldas. Yo tuve muchos muñecos originales, y también alguno falso. Entre estos últimos, llegué a tener de dos estilos: los que me compraba mi madre en el rastro, que tenías que montarlos tú mismo encajándole los brazos y el tronco y que era de plástico blandito, y que físicamente sí que se parecían a los originales, y luego otro de plástico duro que no me gustaba nada, porque era más alto que los verdaderos y era como poner a pelear a David contra Goliath, o a Chiqui de Gran Hermano contra Bibiana Fernández.

Trivio 3000

El señor de rojo siempre me recordó al Rey Juan Carlos

 

El Trivio

En casa teníamos el Trivial Pursuit original de toda la vida, ese que tenía dos «santos» entre quesito y quesito y que te permitía tirar de nuevo, a diferencia de ediciones modernas que con solo caer en un santo ya puedes ir directo al quesito que quieras. Pero mi mamá debió pensar que con eso no bastaba, y así una Navidad me regalaron Trivio 3.000: la fuerza del saber. Que no era más que la versión triste del Trivial, obra de Falomir Juegos. En lugar de quesitos, reunías circulitos de cartón, y las tarjetas tenían la pregunta y la respuesta seguidas, sin la típica gracia de lanzar una cuestión y girar la tarjetita para ver cuál es la solución. Luego descubrí que según la cantidad de tarjetitas que trajese el Trivio tendría un nombre, y que existía el Trivio 2.000, el Trivio 6.000 y hastael Trivio 12.000, para que nadie pudiese acusarte de que te sabías las preguntas.

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About the Author

Licenciado en Comunicación Audiovisual y Máster en Comunicación y Organización y en Publicidad y Márketing. Su experiencia profesional abarca trabajos como diseñador y editor de vídeo en varias empresas audiovisuales, y presentador y redactor en una TV local. Actualmente, colabora Radiolé como experto en música.



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